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ÁFRICA EN CANARIAS
Según los datos del padrón municipal de habitantes a 1 de enero de 2005, el porcentaje de los africanos en Canarias es escasamente un 12% del total de la
población extranjera. Como es de sobra conocido, el Archipiélago se ha caracterizado desde hace varias décadas por su poderoso atractivo turístico que atrae a visitantes de numerosos países, muchos de los cuales han elegido las islas como lugar habitual de residencia. También es proverbial la capacidad demostrada por los canarios para convivir con otras culturas y acogerlas no sólo con su tradicional hospitalidad, sino con una actitud abierta y de aceptación. No podemos olvidar, en fin, que los canarios protagonizaron uno de los más intensos movimientos migratorios a Venezuela y Cuba a lo largo del siglo XX.
Una de las características definitorias de la Comunidad Autónoma es su proximidad geográfica a la realidad africana continental. Atestiguan esta realidad unos intercambios comerciales muy fluidos que, durante las últimas décadas, han ido evolucionando en función de los avatares geopolíticos de la región ?la cesión del Sahara Occidental a Marruecos, sobre todo-, y de las implicaciones que representó para el Archipiélago su plena integración en la Unión Europea y la consiguiente pérdida del status de puerto franco.
El interés que despierta Canarias, como destino laboral para los magrebíes y los habitantes de los países situados al mediodía del Sahara, ha experimentado un notable auge durante los últimos años, como evidencian las cifras del proceso de regularización de 2000 en la provincia de Las Palmas, principal receptora de esos colectivos. Entre los solicitantes de trabajo originarios de esas regiones destacan con gran ventaja los marroquíes; siguen senegaleses y mauritanos; muy por debajo, y en orden decreciente, aparecen ciudadanos de Liberia, Guinea Ecuatorial, Ghana, Guinea Bissau, Sierra Leona, República de Guinea, Nigeria, Gambia?
Desde la llegada de la primera patera en 1994 hasta nuestros días han sido numerosos los africanos que han ingresado por esta vía en las islas; sobre todo a partir de 1998, cuando se produjo un incremento relevante de la inmigración irregular de magrebíes en pateras, sobre todo en Fuerteventura y Lanzarote. Con el cambio de siglo comenzaron a llegar en cascada a Fuerteventura gentes del área subsahariana sin papeles, en particular de Sierra Leona, Malí y Nigeria. Sólo a finales de 2004 empezó a dar sus primeros frutos el Servicio Integral de Vigilancia Exterior (SIVE) implantado en la isla majorera en 2002. Aun así, su eficacia dista mucho de resultar satisfactoria, y el retraso y las dificultades para su puesta en funcionamiento en Gran Canaria y Tenerife amenaza con provocar la derivación hacia ellas de pateras que antes se dirigían a Fuerteventura o Lanzarote.
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Numerosas asociaciones e instituciones colaboran en la acogida y atención de los inmigrantes que llegan a las
costas canarias. Gracias a ellas, se facilitan y aceleran
muchos de los trámites burocráticos que tanto estorban
el bienestar mutuo de la convivencia, y se proporciona a
esas personas una básica asistencia social. No obstante,
la irregularidad administrativa en que se hallan muchos
de los africanos establecidos en Canarias dificulta la
puesta en marcha de proyectos que trasciendan la
acogida inmediata y den continuidad a las acciones emprendidas para paliar las condiciones dramáticas de
su ingreso en el Archipiélago.
Precisamente por su condición de frontera sur de la Unión
Europea, Canarias constituye un lugar de tránsito y de
paso casi obligado para los inmigrantes africanos. Se
trata de un fenómeno que sólo puede ser caracterizado
como lógico, normal e irreversible y que, por tanto,
proseguirá durante los próximos años. Los flujos
migratorios no pueden detenerse, ni la geografía es susceptible de enmiendas.
Tanto Canarias como el conjunto de España necesitan de
la inmigración por muchas razones. No olvidemos que
España, junto con Italia y Japón, se halla a la cola en las
tasas de natalidad internacional, y consecuentemente,
cuenta con elevadas cifras de población de edades avanzadas. Además, gracias a la inmigración africana ha podido sobrevivir la agricultura, aun en condiciones precarias, y se ha proporcionado mano de obra a sectores productivos como la construcción, la hostelería, las tareas domésticas o el cuidado de ancianos. Sin la presencia de los hijos de los inmigrantes, muchos centros de enseñanza habrían cerrado sus puertas por falta de niños a los que escolarizar.
Se precisa que la sociedad de acogida, acostumbrada a
que se le presente el fenómeno inmigratorio desde una perspectiva exclusivamente estadística ?y, no pocas veces, alarmista-, conozca la realidad humana de la inmigración y ponga rostro a esas personas que viven en ocasiones dramáticamente el alejamiento de la tierra que las vio
nacer.
En definitiva, vivir es elegir ? Lo único que queremos,
desde Kharito, es que todo ser humano ejerza su libertad
para escoger el tipo de vida y el lugar del mundo adecuado
a sus aspiraciones y a sus conveniencias: siempre con respeto a la legalidad y a las normas que regulan la vida ciudadana del país que hayan preferido como meta de su aventura migratoria. El inmigrante es, además, mucho más que un trabajador o una fuente de ?problematicidad?: es
un ser humano que ama y siente y extraña y experimenta
la alegría y la tristeza.
Mas información sobre África en Kharito.es.kz
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